Cuento corto.
Desde mucho tiempo atrás vivía en la calle. Escuchando su radio. Al principio abandonó a su familia, completamente seguro de que le querían algún daño, cuando le dijeron que debía ir a un psiquiatra.
Después dejó el trabajo y se puso a vivir en la calle, sin beber. Más tarde comenzó a beber y a hablar solo.
A veces estaba un poco mejor, sobre todo, cuando oía la radio y pensamientos fugaces de cordura invadían su mente, pero era casi siempre al atardecer y un poco de vino de tetra-brick ayudaba a eliminar las angustias.
Finalmente, dejó de comprar pilas y ese leve contacto con la realidad desapareció. Seguía oyendo la radio, las voces de la radio, pero sin pilas.
Cuando ya no sabía ni su propia edad, enfermó y, la suerte le sonrió por primera vez en toda su mierda de vida, le llevaron a un hospital.
Sorprendentemente fue identificado y la administración que nada logra en estos casos consiguió contactar con su familia.
Viejos mecanismos emocionales afloraron.
- "No lo reconoce pero este caballero es su hijo". El orgullo al ver al hombre que decían era su hijo le invadió.
- "Es esquizofrénico, pero si toma sus medicinas podrá hacer vida normal, sólo hay que preocuparse con mucho interés de que no abandone el tratamiento". Hacer vida normal, sin buscar comida en cubos de basura, sin pasar frío por las noches, comprando pilas a la vieja radio...
En ese momento un soniquete molesto interrumpió la conversación. Aquel que le llamaba 'padre' cogió una radio más moderna que la suya y se puso a hablar con ella.
¡Y tenían los cojones de llamarle loco a él que sólo oía voces pero no les contestaba!
Todos estaban locos y el único que estaba cuerdo era él. Como otras veces salió corriendo y la sorpresa le dio ventaja, la desesperación fuerzas y la enfermedad alas.
Ahora sabe que se tiene que esconder pues casi todos están locos y hablan con esas nuevas y extrañas radios llenas de luces y botones, sabe que nunca tiene que coger una de esas radios, pues es lo que vuelve locos a la gente, sabe que hay un plan para perseguirle y volverlo loco con ayuda de las pastillas que recetan esos falsos médicos, sabe que...
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domingo, 13 de julio de 2008
lunes, 23 de junio de 2008
El talismán
Este escrito es un cuento corto de creación propia.
Siempre quise ver el desierto. Cuando estuve en él fue el momento de entender que no era el desierto lo más importante.
Me compre una brújula, pensaba que quizá la usaría. Nos llevaron en una excursión organizada al borde del desierto y como a domingueros nos trajeron de un lugar a otro para que hiciéramos las fotos de rigor. Aunque suene muy poco aventurero me lo pase en grande.
Al regresar paramos para descansar un poco y apareció un hombre con un camello. Me impresionaron sus ojos, límpidos pero siempre entrecerrados para luchar contra el viento y la arena que éste arroja sin descanso contra todo ser en estos lugares.
Quisimos fotografiarle, pero el guía nos advirtió que lo mejor sería pedir permiso y que un "regalito" ayudaría mucho. Hablando con él a través del guía que nos traducía le ofrecí la brújula, ya que estaba seguro de no necesitarla, y le explique para que servía.
El hombre me dio las gracias pero rechazó el presente. Me dijo que el nunca se perdía en el desierto porque tenía un talismán que guiaba su camino siempre y sin error. Amablemente me explicó que estaba fabricado con el recuerdo de sus ancestros, durante muchas generaciones se iban recopilando trozos de las vestiduras de estos en el día de su casamiento y con ellos en una pequeña caja era imposible perderse pues sus espíritus le ayudarían a encontrar el camino. Asimismo, me indicó que si el talismán perdía fuerza, sólo había que dejarlo a la luz de las estrellas para que volviera a tener su poder.
Me quede con ganas de meterme la brújula en el c...
!Qué bueno sería tener a tus ancestros ayudándote cuando yerras el sendero y tienes que volver a buscarlo con la luz de las estrellas guiándote¡
El desierto no era lo importante, lo importante era la gente del desierto.
Siempre quise ver el desierto. Cuando estuve en él fue el momento de entender que no era el desierto lo más importante.
Me compre una brújula, pensaba que quizá la usaría. Nos llevaron en una excursión organizada al borde del desierto y como a domingueros nos trajeron de un lugar a otro para que hiciéramos las fotos de rigor. Aunque suene muy poco aventurero me lo pase en grande.
Al regresar paramos para descansar un poco y apareció un hombre con un camello. Me impresionaron sus ojos, límpidos pero siempre entrecerrados para luchar contra el viento y la arena que éste arroja sin descanso contra todo ser en estos lugares.
Quisimos fotografiarle, pero el guía nos advirtió que lo mejor sería pedir permiso y que un "regalito" ayudaría mucho. Hablando con él a través del guía que nos traducía le ofrecí la brújula, ya que estaba seguro de no necesitarla, y le explique para que servía.
El hombre me dio las gracias pero rechazó el presente. Me dijo que el nunca se perdía en el desierto porque tenía un talismán que guiaba su camino siempre y sin error. Amablemente me explicó que estaba fabricado con el recuerdo de sus ancestros, durante muchas generaciones se iban recopilando trozos de las vestiduras de estos en el día de su casamiento y con ellos en una pequeña caja era imposible perderse pues sus espíritus le ayudarían a encontrar el camino. Asimismo, me indicó que si el talismán perdía fuerza, sólo había que dejarlo a la luz de las estrellas para que volviera a tener su poder.
Me quede con ganas de meterme la brújula en el c...
!Qué bueno sería tener a tus ancestros ayudándote cuando yerras el sendero y tienes que volver a buscarlo con la luz de las estrellas guiándote¡
El desierto no era lo importante, lo importante era la gente del desierto.
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