He vuelto. Ahora no habrá manera de hacerme callar (esto último me suele pasar).
Había pensado en alguna reflexión profunda e interesante y, afortunadamente para vosotros, la realidad me ha disuadido planteándome un tema.
Iba tan tranquilo en el metro que llega hasta Arganda del Rey (a 22 Km. de Madrid) y un grupo de chavalas (nunca acierto con la edad de la gente, pero seguro que eran muy, muy jóvenes) comentaba a grito pelado la noche de ayer (viernes).
Perdido en mis cavilaciones oigo: "Pues le hice una mamada a Víctor y no es como lo contaba esta. A mí no me dio ningún asco". Espero que ninguno de los que leéis esta página seáis Víctor ya que todo el tren de Arganda se ha enterado y creo que los del siguiente convoy también.
Los abuelos que estaban sentados a mi izquierda se han quedado pálidos. Los hombres del vagón han enderezado las orejas cómo si fueran gatos oyendo una presa. Las mujeres del vagón han puesto dos tipos de caras, unas de complicidad y otras de rechazo a las "guarrillas". Las chavalillas del grupo se han quedado de color rojo intenso.
A mi me ha entrado la risa floja con lo que todo el mundo al final se ha quedado mirándome.
No me importa.
Me he reído un rato.
Por cierto ¿como será el tal Víctor?
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sábado, 12 de abril de 2008
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